Más allá de la Tierra…

Islas Galápagos, Ecuador, Latino América

Las islas del Pacífico generalmente han sido objeto de historias fantásticas, sinónimo de lugares y gente exótica, paisajes coloridos e inimaginables, basta mirar un cuadro de Gauguin, o leer a Defoe y su obra Robinson Crusoe. En verdad no resultaría difícil imaginar todo lo que la mente pueda desarrollar con las aproximadamente 20.000 islas existentes en el océano que prácticamente ocupa la mitad del planeta.

Los isleños tienen una forma particular de mirar el mundo y suelen decir que “ la diferencia entre la gente de tierra firme y los isleños se basa en la manera de mirar el mar, para los primeros que pueden caminar por continentes enteros, cuando llegan a la orilla del mar, solo pueden mirar el horizonte con nostalgia, saben que su camino llegará hasta ese último paso en la arena mojada donde empieza el océano, para los isleños en cambio, ese mismo horizonte apenas empieza al tocar el agua, el mar resulta ese enorme sendero por donde navegarán a cualquier lugar del mundo donde ellos quieran ir.

Hace mas de quince años, aun muy joven migré de mi ciudad andina en Ecuador, a 2600 metros sobre el nivel del mar, rumbo a un archipiélago, al que los viajantes siglos atrás ya las llamaron las Encantadas, situadas a mil kilómetros de la ‘tierra firme” de las costas de este pequeño país. Como cualquier iniciado en aventuras, entre las emociones encontradas y la búsqueda de cualquier información que me ayudara a imaginar mi vida en el lugar donde iría, buscaba recrear entre fotografías, libros y documentales algún tipo de paisaje que me ayudara a pisar con alguna familiaridad esas islas agrestes.

Mis primeras imágenes, rocas de lava negra, escuálidos arbustos secos imposibilitados de proporcionar ni una pizca de sombra, una temperatura que superaba los 38`C, senderos de tierra rojiza como las vías al mismo infierno, escenas dantescas que me indicaban que había llegado a la isla Baltra, mientras un bus me llevaba al pequeño muelle que me llevaría a una isla mas grande y habitada llamada Santa Cruz o como siglo y medio atrás, los navegantes ingleses la llamarían Indefatigble. Las dos islas están separadas por un pequeño canal llamado Itabaca.

A partir de este punto, podríamos mencionar infinitos detalles de las islas Galápagos, y casi todos tendrían un denominador común, la enorme belleza e indescriptibilidad de cada centímetro de estos remanentes volcánicos… estoy seguro que todos quienes amamos viajar hemos leído, visto o escuchado algo fantástico de estas islas.
Luego de más de 15 años viviéndolas y visitándolas, me es imposible no detenerme en esa primera imagen de la llegada, los contrastes entre aquellos paisajes agrestes, de rocas recién nacidas (geológicamente hablando), de plataformas partidas y fumarolas recién extintas, al color turquesa de aquel punto del Pacífico, visibilizada en ese canal, el agua transparente y cálida, los peces de colores huyendo de las aves marinas que caían en picada en busca de su alimento, tortugas marinas, iguanas prehistóricas tomando el sol, garzas de lava, invertebrados húmedos sujetos a los avatares de las mareas y esos 10 minutos necesarios en pasar en bote dicho canal resumiendo la historia de millones de años de vida en la tierra frente a mis incrédulos ojos…

Camilo Martínez

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